“Nunca me imaginé que La Bandada, se transformaría en mi casa durante una cuarentena.” Cuenta Grace Lopez, desde la gran mesa del comedor, donde atrás crepita el fuego de la chimenea. Luego de vivir por años en El Calafate, llegó a San Miguel del Monte para tomar a cargo la Estancia y volcar su vasta experiencia en hospitalidad.
“Un placer disfrutar del campo, de sus amaneceres, de sus aromas, del canto repentino del pavo real, tan típico de las estancias. Vivir en primera persona lo que experimentan nuestros huéspedes, ya que en temporada uno esta más atento al detalle del servicio que a lo que la naturaleza a nuestro alrededor nos quiere contar”
La casa principal de la estancia es una casa familiar, que fue construida con estilo colonial y ambientes amplios, para que cada miembro de la familia tenga su espacio, vista al parque y su intimidad. La habitación del patrón es la más grande, con una chimenea y espectacular vista al parque. Para lo hijos de la familia se previeron departamentos de dos habitaciones, un living y un baño para que puedan tener invitados. Y también hay una habitación de huéspedes, ya que siempre hay algún familiar y amigo que viene de visita.
Hoy, lo que nació como casa familiar se transformó en casa de huéspedes, sin perder por ello esa calidez de casa de familia. Un parque de árboles de más de 100 años enmarca la casa y más allá hay una gran pileta. Lugar de encuentro las tardes de calor, escenario romántico en las noches estrelladas, para cenar a la luz de la vela.
“Acá no hay tiempo para estar mucho tiempo frente a una pantalla. Los días pasan rápido y hay mucho por hacer. Tenemos huerta, aves de corral, cabras, llamas, caballos, y todos ellos necesitan de nuestra atención”.
Amanece. Quedan marcados los pasos de Grace caminando por el césped mojado hacia la huerta. En el invernadero crecen los almácigos que luego irán en los canteros. Lechugas de varios tipos, zanahorias, tomates, rúcula. Todo un cantero de acelgas, y ya están por venir los alcauciles. Con canastos de mimbre Grace y su equipo cosechan lo que ya está listo para llevar a la cocina. Una rutina de podar, plantar y regar. Luego de la huerta, van al gallinero para ver cuántos huevos encuentran hoy, de esos lindos huevos de campo de yema bien naranja. Luego de un mate a media mañana, la ultima parada es para ordeñar y atender las cabras.
Los caballos pastan a sus anchas en los potreros. «Ahora, en cuarentena, periódicamente los traemos al corral, ensillamos, montamos, tusamos y chequeamos que sus vasos están bien, para que sigan acostumbrados al trabajo. Son buenos caballos, nuestros huéspedes disfrutan mucho de las cabalgatas en la estancia, observar el paisaje pampeano infinito, con sus montes, la hacienda pastando y la silueta del molino recortada en el cielo.» ¡Una imagen bien de campo!
“Cuando volvamos a recibir huéspedes, la cocinera los va a deleitar con productos frescos y orgánicos de la huerta. Nos gusta llevar a la mesa y poner en valor las recetas de la abuela, de esas ricas típicas de las casas de campo. Lasaña de verdura, buen asado con empanadas y ajos a la parrilla, postres de frutos recién cosechados.“
Todo está listo para recibir a los huéspedes para compartir la paz que genera la vida de campo. La visita a La Bandada será sin duda será una de las primeras escapadas que se podrán hacer una vez que se vaya flexibilizando la cuarentena, al estar a solo 120 km de Buenos Aires, cumpliendo con los protocolos de prevención.
Ahora ofrece tarifas “Off Season” con beneficios por compra anticipada y flexibilidad para la fecha de la reserva, para facilitar estas primeras salidas. En San Miguel del Monte no hay registro de casos de COVID-19 y hay que cuidar que siga siendo de esa manera sin dejar de colaborar con la economía. Entre todos debemos cuidarnos.
